Mi primer alimento

La leche humana es la alimentación fundamental de los homínidos, tras su nacimiento hace un millón de años y su adaptación, a través del tiempo, ha hecho que este medio de nutrición haya logrado una gran perfección. La crianza al pecho puede ser un aspecto sumamente gratificante del cuidado de nuestros hijos, y les estaremos aportando la mejor nutrición que la naturaleza es capaz de ofrecer. Es importante no desanimarse si al principio se encuentran algunos problemas. 

Es de entender que la actual vida social puede dificultar la crianza natural del bebé. Antaño, la alimentación a través del pecho era la regla. Los niños pasaban largo tiempo colgados del pecho de la madre porque ésta, estaba continuamente en casa. Cuando fallaba, la nodriza o ama de cría la sustituía. Ahora hay demasiadas obligaciones sociales y laborales para que la madre dedique tiempo a dar el pecho, por lo que, en ocasiones, pide a su ginecólogo que le retire la leche tan pronto como sea posible.

Las madres que amamantan necesitan todavía mayor cantidad de nutrientes que las embarazadas. La CDR (cantidad diaria recomendada) de la mayor parte de los nutrientes aumenta aproximadamente entre un 10% o 20%, excepto la de vitamina A, que aumenta en más de un 50%, y la de vitamina C, que lo hace en más de un 35%. La vitamina E, el calcio y fósforo son nutrientes especialmente requeridos en el periodo de lactancia.

Los alimentos ricos en vitamina A son, por ejemplo, las zanahorias, endibias, escarolas, yema de huevo, etc.; los alimentos ricos en Vitamina E son el aceite de girasol, de oliva, avellanas, almendras, etc.; los alimentos ricos en vitamina C son las coles y el repollo, pimientos, kiwi, coliflor, fresa, naranjas, etc. A pesar de ser ricos en determinadas vitaminas, algunos alimentos conviene evitarlos ya que varían considerablemente el sabor de la leche como son los espárragos, las alcachofas, coliflor, coles de bruselas, la col , las alcaparras, rábanos, cebolla, ajo y especias en general (aunque no sucede por igual en todas las madres) que comunican un sabor desagradable a la leche lo que puede traducirse en un rechazo del bebé a coger el pecho.

Es conveniente destacar que en el caso de madres adolescentes, los requerimientos de energía y nutrientes son mayores que los de una mujer adulta en el mismo periodo, ya que, además de las necesidades extras para una correcta lactación, tiene que cubrir las necesidades para su propio crecimiento y desarrollo.

 Una mujer segrega unos 800 ml de leche al día. El esfuerzo de su metabolismo no está sólo en producir ese volumen lácteo, sino en la enorme y compleja síntesis de los componentes de la leche.

Los errores nutricionales que una madre puede cometer durante la lactancia, como ponerse a dieta, pueden llegar a afectar a la cantidad de leche producida y, en menor grado, a su calidad ya que la composición de la leche tiende a mantenerse a costa de las reservas nutricionales maternas, lo que puede llevar a una situación de malnutrición en la madre.

 Composición variable de la leche materna

En los primeros días después del nacimiento, las madres producen calostro de aspecto amarillento y viscoso, es un alimento rico en proteínas que proporciona al bebé anticuerpos valiosos frente a la infección y facilita al bebé la eliminación de las primeras heces (el meconio). Alrededor del cuarto día, se producirá leche. La clave para una buena producción láctea es amamantar al bebé siempre que lo pida; en los primeros días esto significa cada dos o tres horas. La producción de leche funciona según un esquema de oferta/demanda: cuanto más a menudo tome el bebé y cuanto más saque, más se produce.

Hay pediatras partidarios del “método a demanda”, que consiste en que el niño tome el pecho siempre que lo pida y los hay partidarios de otro método que consiste en hacerle esperar tres horas entre toma y toma.

El contenido graso de la leche es mayor por la mañana que por la noche. Por lo tanto, la composición de la leche no es igual a lo largo del día ni a lo largo de toda la toma. Al principio, es más acuosa y alivia la sed del niño; después se hace más espesa, rica en calorías, y le proporciona sensación de plenitud. Por eso, es tan importante dejarle de 10 a 15 minutos seguidos en cada uno de los pechos durante las tomas. De lo contrario, volverá a tener hambre en seguida. No todos los bebés (como los adultos) tienen el mismo ritmo para comer, algunos succionan como si se les fuera a quitar el pecho, con un ritmo trepidante de forma que en menos tiempo han comido más.

Alimentación de la madre

Sin perjuicio de otros factores que afectan a la producción de leche, se debe ingerir una dieta sana y equilibrada, rica en proteínas, beber cuando se tenga sed (tener un vaso de zumo a mano mientras se da la toma) y descansar todo lo que se pueda.

Lo que se coma o se beba puede pasar al bebé a través de la leche materna. Se debe comunicar al médico o farmacéutico que se está criando cuando sea preciso tomar un medicamento, planta medicinal, o cualquier otro remedio natural. Es de sentido común, evitar los estimulantes como alcohol y cafeína. Si el bebé no duerme bien, vale la pena suprimir el té y el café de la dieta durante unas semanas para ver si la situación mejora, pues puede ser la cafeína lo que le mantenga insomne.

Ventajas de la lactancia natural

  1. La leche materna contiene los nutrientes que el bebé necesita en cantidad y calidad y está libre de contaminación. Es un alimento prácticamente estéril, no tiene fecha de caducidad.
  2. Reduce el riesgo de sobrealimentación.
  3. Reduce los riesgos de diarrea y no da problemas de estreñimiento.
  4. Los niños alimentados con leche materna presentan una incidencia en alergias a alimentos menor.
  5. La leche materna constituye un “verdadero arsenal” de defensa vírica, bacteriana y de carácter toxicológico.
  6. Aporta beneficios para la madre: facilita la contracción del útero para recuperar su tamaño; ahorro de tiempo en preparar biberones; disminuye la tristeza postparto; disminuye el riesgo de anemias por ausencia de menstruación, con lo que la pérdida de hierro es menor; recupera antes su peso habitual; menor riesgo de cáncer de mama, ovario, etc.
  7. La lactancia natural constituye un sistema de alimentación más económico.

Si una madre puede y opta por la lactancia natural, que sería lo recomendable, es el momento óptimo para que su pareja le preste la colaboración necesaria en las tareas domésticas y así no disminuya su producción de leche por estar preocupada o estresada.

Belén Villalmanzo
Farmacéutica. Soy una apasionada de la salud. Colaboro de manera activa en diferentes medios de comunicación. Directora Técnica del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Burgos.

1 Comment

  1. Muy buen artículo, como siempre.

    Un saludo

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